Todas las señoronas del pueblo la miran al pasar, murmuran a cada movimiento que ella da.
La siguen, le reprochan su belleza y andar, su vida y actuar.
Más por la envidia a su juventud, fresca fuente de inquietud, que se adivina en cada centímetro de su firme cuerpo, apenas cubierto por ajustadas telas, que se resisten a ser elevadas por el enemigo viento ¡que odiosas!, pero que son el pretexto para imaginar lo que en su lecho podría pasar.
La deshacen en ese malsano hablar, ¡PROMISCUA ES! ¡PROMISCUA ES!, blanco de críticas, le reclaman su ligero actuar; al contrario de los caballeros que no tienen el valor de expresar, lo que en secreto sí saben buscar.
Abrevadero de deseos su cuerpo es, ¿para qué negar? Si de cada quien su única ilusión cree ser, promiscua nunca será, si todo lo hace bajo el manto purificador del amar, porque el legislar no ha de pronunciar que el querer es para toda la eternidad.
Vete en paz niña tierna, mujer intensa, sigue procurando placer sin detener tu marcha por los que hipócritamente no dejan ver, lo que tu inocencia les permite saber.
1 comentario:
Hermoso...
Felicidades ;)
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